El imaginario de las nuevas sociedades nos impulsa a superar la desigualdad, a hacer todo el esfuerzo posible para distribuir de manera más justa los conocimientos que están a nuestro alcance. La educación es, por tanto, una misión que debemos asumir en lo individual y en lo colectivo; y aquí radica su importancia, en la comprensión de que somos sujetos activos y responsables primeros de la construcción de un entorno más amable y una sociedad con mayores y más reales posibilidades de desarrollo.
En directa relación con lo anterior, comprendiendo la importancia que tiene la Música en el bienestar y desarrollo humano, y a la vez, asumiendo la responsabilidad de mi rol social, he ido desarrollando -con especial cariño- toda una batería didáctica de enseñanza que se despliega a través de los Conciertos Educacionales. En estos, se intenta motivar a niños, niñas y jóvenes a descubrir la Música de manera más profunda, desde sus aspectos más científicos (en tanto fenómeno físico) hasta lo que concierne a aspectos de orden técnico-musicales o de fondo y forma del discurso musical.
Dentro del mismo ámbito, pero de manera mucho más directa, he tenido la gratificante oportunidad de desempeñar mi labor en distintas orquestas juveniles e infantiles. En este espacio, la interacción con las nuevas generaciones me ha permitido reparar en lo relevante que es para ellas el perfil ético de los adultos, en tanto consistencia entre discurso y comportamiento. En la misma línea, he podido experimentar, y aprender, que la retroalimentación se da de forma más efectiva cuando el mensaje educativo surge desde la sinceridad y el manejo efectivo de las áreas del conocimiento.